04 Leyendas; Sin su rastro

 Tras pasar varias horas en la noche turnando las guardias, a la mañana siguiente la ventisca amainó.

- Podremos continuar ahora que ha cesado el viento – dijo el ermitaño mientras se asomaba por la grieta de la cueva.
La elemental observaba como oscuros ojos se adueñaban de la sombra que iban quedando al apagarse la hoguera, pero ambos dejaron aquel lugar antes de que fuera tarde.
-  Do të duhet të jemi të kujdesshëm, ju e dini se ku jemi (Tendremos que tener cuidado, ya saben donde estamos) – dijo ella mientras caminaba con la vista en la cueva.

A lo lejos, el campamento de seres verdes había levantado las tiendas y se disponía a continuar su marcha. Los pequeños jabalíes oscuros olfateaban cada rastro con dificultad.
- Natten har været vanskelig at jage, vi må bruge magi (La noche ha sido difícil para la caza, deberemos usar magia) – dijo el líder del grupo, así mismo sacó de una bolsa de tela un orbe oscuro que emanaba un área de color cobrizo. Lo sujetaba con una mano, pero se notaba el peso que ejercía sobre esta.
Puso el orbe sobre un tronco partido y entonó una serie de cantos guturales. El orbe vibró un poco hasta que finalmente se pudo distinguir en su interior un ojo que despertaba.
- Hvem generer det? (¿Quién molesta?) – dijo una voz del interior de la oscuridad –Vi er din trofaste herre, vi henvender os til dig for at lede efter ildelementet (Somos tus fieles señor, recurrimos a ti para buscar a la elementa de fuego) - respondió el líder.
Una risa pesada golpeó las orejas de los seres que allí estaban.
- Jeg troede, du allerede havde fanget hende (Yo pensaba que ya la habíais capturado) – el ojo se movía y pestañeaba al hablar – Vi havde ... problemer (Tuvimos… problemas) – y de nuevo el orbe soltó risas aún más pesadas.
- På trods af din konstante inkompetence til at gøre et godt stykke arbejde, havde vi allerede overvejet, at dette ville ske (Pese a vuestra constante incompetencia para hacer un trabajo bien, ya habíamos contemplado que esto ocurriría) – el orbe tomó forma en su interior, dejando ver un cielo que se desplegaba por un bosque nevado – De måtte også stoppe, og om natten fandt vi os i en hule (Ellos también tuvieron que parar, y en la noche nos encontramos en una cueva) – tras varios minutos de indicaciones el orbe volvió a su forma original – Lad det være sidste gang du fejler (Que sea la última vez que falláis) – dijo justo antes de volver a ser un objeto inanimado de color oscuro.
Los seres verdes se miraban los unos a los otros hasta que todas las miradas terminaron en su líder, quien cerraba con fuerza los puños por el fracaso de una nueva cacería – Du har allerede hadet chefen. Lad os arbejde! (Ya habéis odio al jefe ¡A trabajar!)- les gritó enfurecido.

Mientras tanto, ya habiendo llegado a un camino de tierra, el ermitaño sentía el aire fresco de la mañana quien lo agradecía con felicidad para compensar la noche que pasaron. Además se encontraban en uno de los caminos que llevan a Kaleth, el cual conocía más que de sobra.
- No tardaremos en llegar, podremos comer algo de comida de verdad. – decía con una sonrisa e intentos de lágrimas en sus ojos.
- Jeg forstår ikke, hvorfor mennesker spiser så meget mad. (No entiendo porque los humanos ingerís tanta cantidad de alimento) – ella lanzaba sus dudas al viento mientras que él la miraba aún desorientado.
- Seguro que en el pueblo alguien podrá hablar tu lengua, había un bibliotecario que podía hablar con gente de todo el mundo – las palabras del ermitaño se entorpecían con el ruido de los objetos y ropas que llevaba encima – Nunca supe muy bien porque terminó en el norte – las palabras se cortaron al oír el rugir que emitían las pisadas de caballos acercándose hacia ellos.
-¡Alto!- uno de los jinetes quien llevaba un estandarte con un árbol en flor, hizo adelantar su caballo marrón de larga crin, mientras que este golpeaba el suelo con las pezuñas intimidantemente. - ¿Quiénes sois y a dónde vais? – el hombre volvió a entonar las palabras con voz áspera mientras sujetaba con fuerza la correa del caballo.
- A los buenos días – dijo el ermitaño conociendo perfectamente el estandarte que portaba aquel caballero – Mi nombre es Roin, soy ermitaño de las montañas – dijo con voz elevada para poner sus palabras por encima del ruido que emitían los caballos.
- Roin… - dijo la elemental en voz baja mientras miraba la espalda llena de pieles del ermitaño.
- ¿Y la mujer? – el caballero parecía haber quedado satisfecho con la descripción de él, pero en ningún momento pensó Roin que tenía que inventar una historia para ella.
 – Ella… pues verás… - tragó saliva ya que explicar que seres verdes intentaron capturarla y ella escapó en un mar de fuego sonaba poco interesante –Estoy esperando… Roin el ermitaño – dijo el caballero mientras fruncía el ceño acompañado del resoplar del caballo.
- Ella es una campesina que me encontré en el bosque y ahora estoy buscando ayuda que vuelva a su hogar- Roin soltó las palabras tan deprisa como pudo, por lo que el caballero acercó su caballo hacia ella y la miró detenidamente. El ruido de su armadura metálica, y la espada golpeando con las correas del caballo entonaron su distancia cada vez más cerca.
La elemental observó el caballo, como con elegancia se aproximaba y podía oler cara aroma que desprendía, siendo una mezcla de campo y energía pura.
- Y tú ¿Tienes nombre? – el caballero se agachó de su posición elevada para verle mejor la cara – por tu aspecto diría que no eres de aquí – y volvió a su  ser.
- Tienes razón, no es de aquí y no habla ni si quiera bien nuestro idioma – dijo Roin apresurado otra vez.
- Ermitaño, creo que no te he dirigido la palabra a ti – el caballero miró de reojo a Roin mientras que pronunciaba aquellas palabras a modo de amenaza.
- Mi… nombre, Hela – dijo la mujer, y los ojos de Roin se abrieron como la primera vez que se encontró con ella en el bosque.

El caballero elevó el mentón dando a entender que había quedado satisfecho – de acuerdo, Roin el ermitaño y Hela la campesina, no os haré perder más el tiempo en busca de tu hogar – volteó su caballa hacia los otros dos guardias que le habían acompañado al principio y permanecían en la retaguardia – solo desearos que tengáis suerte en vuestro camino – y partieron de nuevo por el mismo sendero que se habían cruzado.

- Así que al final si has aprendido mi idioma – le dijo Roin mientras mostraba una sonrisa y se limpiaba el sudor de la frente – Roin…- le contestó mientras que lo miraba con ojos de nostalgia. Ambos continuaron caminando hasta llegar a la ciudad de Kaleth.

A lo lejos, y cada vez más cerca, los seres verdes recortaban distancias con los aventureros.
- Esta debe ser la cueva que habló el maestro, por lo que no deberán de estar mucho más lejos – dijo uno de los seres verdes, mientras que el líder salía de la cueva con una rama ennegrecida. Apretó la palma y la rama se hizo pedazos.
Uno de los exploradores corría hacia el líder, y sofocado le dijo – maestro, unos caballos se aproximan, solo son tres una patrulla de exploración nada más – y con un gesto de la mano todos los diminutos seres fueron corriendo hacia el camino, subiendo por los árboles y saltando entre las ramas más densas.

Los caballeros, al pasar por delante de ellos se vieron envueltos en una nube de cuchillos que caían desde las copas de los árboles directamente a su pecho y cuello. Los gritos de los hombres se mezclaron con un gorgoteo de sangre que emanaba de su boca, bañando los dientes y las vestiduras. Al caer al suelo los caballos echaron a correo en distintas direcciones mientras que los seres verdes devoraban a los humanos cuando aún estaban gritando.
Endelig et godt måltid om dage, var jeg træt af at spise skadedyr (Por fin una buena comida en días, estaba harto de comer alimañas) – decía uno mientras que el líder se paseaba entre ellos arrancando pedazos de una mano que aún daba espasmos.
Ting bliver kompliceret, hvis de har nået en menneskelig landsby (Se complican las cosas si han llegado a una aldea de humanos) – le dijo el ser que tenía la boca mellada –Tror du, han vil have søgt hjælp? (¿Crees que habrá ido a buscar a ayuda?) – y dio un bocado a uno de los humanos que aún daba pequeños gritos de agonía.
Uanset hvad du gør venter vi (Hagan lo que hagan estaremos esperando) – le respondió el líder en voz baja, mientras se daba la vuelta para volver a gritarles - Stop med at spise, du dum! Du kan begynde at forberede våbnene! Vi er meget tæt ... (¡Dejad de comer, estúpidos!¡Ya podéis ir preparando las armas! Estamos muy cerca…)-

Paso tras paso Hela y Roin se encontraron enfrente de una gran empalizada de madera, dos torres daban la bienvenida, y debajo colgadas estaban los banderas largas de al menos tres metros con el escudo del reino.
- Por fin – dijo Roin, que se paró un segundo en el camino para observar satisfecho que aquel duro camino valió la pena.
Unë ende nuk e kuptoj se çfarë bëjmë këtu (Sigo sin entender que hacemos aquí) – replicó Hela por detrás, pensando en sus hermanas como un recuerdo que martillea su cabeza constantemente.
Las puertas de madera estaban abiertas a la par, dos guardias con lanzas y altos escudos estaban postrados ante los lados de esta, observaban a los viajeros que entraban y salían, mientras que carruajes llenos de distintos alimentos hacía ruido al pisar las piedras y ser tirados por diferentes tipos de animales. Hela observaba maravillada de la fauna local, pues jamás se había adentrado tanto en el mundo de los humanos. Veía como las orejas de los animales se movían para escuchar los gritos y golpes de aquella entrada colosal, los humanos hablan y chillaban a la par entre ellos, el olor de la tierra batida, el ambiente que rodeaba la muralla y los alimentos que iban en los carruajes hacían un entorno lleno de vida, fuera de lo imaginado cuando vivía en su mausoleo.
- Ya hemos llegado, ahora vamos a buscar a alguien que nos pueda ayudar – dijo Roin a la vez que tomaba de la mano a Hela y la empujaba hacia el interior de la muralla. Ella, incómoda y con miedo, hizo un esfuerzo de reusarse pero la confianza que había puesto en su compañero había hecho una amistad que sabía que él no le iba a fallar.

Dentro de la empalizada el ruido era aún mayor, la gente se movía más rápido de un lugar a otro, mujeres con cubos, hombres con martillos y hierros, animales corriendo entre nubes de polvo y suciedad. Grupos de niños salían de los callejones y se volvían a esconder entre risas. Las paredes melladas y las maderas desgastadas daban un contraste de color que jamás ella hubiera llegado a pensar.
- No acostumbro a venir más que para lo estrictamente necesario, pero por ti tendremos que hacer una incursión en particular más a fondo – Roin miró directamente a los ojos al decirle aquellas palabras – lo más importante es que no debes fiarte de nadie – y esas palabras cambiaron por completo la expresión de sus ojos. Ella en el fondo terminaba por entender lo que su compañero le quería decir, por ello apretó con fuerza la mano que tenía retenida.


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