07 Leyendas; retomando el camino.
Al despertar se encontraba en una camilla improvisada, abriendo sus ojos al cielo que tenía tonos grises oscuros debido al humo que aún había por la zona. Intentó ponerse en pie pero un pinchazo en la herida le devolvió a su sitio.
- Aún no estás bien, pero te recuperas rápido – dijo un hombre encima de su cabeza, y volvió aparecer la cara del médico que le había atendido en la muralla.
- ¿Quién eres? – le dijo Roin con cierta dificultad – Te debo la vida –
- No eras de los que peor estaban, y tú ayudaste para que escapáramos del pueblo enfrentándote a esos seres –
- ¿Ya han terminado? – le preguntó Roin mientras cerraba los ojos en aquellas palabras.
- Si – dijo el hombre de en un tono seco a la vez que asentía una sola vez.
Roin suspiró con fuerza y se reclinó, el hombre le apoyó una mano sobre su espalda y lo ayudo a erguirse. El ermitaño pudo observar como un campamento improvisado se extendía ante él, cubriendo las zonas verdes con camillas, vendas manchadas y sangre de todos los hombres y mujeres que había conseguido escapar.
A lo lejos veía como grupos de soldados patrullaban de un lado al otro en el campamento, con los estandartes y armas bajo los primeros rayos del Sol en aquella madrugada. Al girar su cabeza vio un poco más lejos como la ciudad que el conocía se convertía en una columna de humo que tapaba las nubes, dejando un sonido de edificios derrumbándose y llantos del pueblo asesinado.
Su corazón se estremeció al ver aquellos recuerdos hechos cenizas, y pensar en un momento incómodo como el que creyó su amigo salió de aquella ciudad con su compañera sin mirar atrás.
Puso ambos manos sobre el césped fresco y se levantó de un impulso,
- Parece que aún tienes fuerzas – le dijo el médico sorprendido por ese inesperado movimiento.
- Aún tengo muchas cosas que hacer – le replicó el ermitaño mientras se sujetaba el brazo y chasqueaba los dientes.
Caminó por el campamento viendo como los heridos jadeaban y lloraban por las heridas que aquellas horrendas bestias les habían provocado, sujetando sus manos por amigos o familiares que permanecían a su lado. Roin continuó caminando hasta salir del campamento, llegando a las puertas derribadas de la ciudad que aún permanecían algunas piezas de madera en llamas. Entró y el horror asaltó sus ojos, viendo como una incalculable cantidad de hombres y bestias permanecían tumbados y desmembrados por el suelo. Él continuó su viaje hacia la biblioteca, donde el tejado dejó de estar en su lugar, permitiendo a una cantidad de luz entrar en el interior de la casa que jamás antes había llegado a pasar.
Las columnas de humo de los distintos libros que habían estado en llamas se juntaban con las cenizas de los que ya se había consumido, otros tantos objetos que habían estado colgados en la pared ahora decoraban el suelo de la entrada, junto con vigas de maderas que yacían colgadas o sujetadas en partes de las paredes y estanterías destruidas. Roin apartaba las pilas de cenizas con las manos mientras echaban a volar, buscando entre aquellos escombros algo que lo ayudara a encontrar a su compañera. Al acercase a la mesa de madera donde habían estado los tres juntos el día anterior, vio al fondo de la pared como la pila de libros de donde había sacado un manuscrito se había salvado de ser otra hoguera más.
Anduvo tan deprisa como su cuerpo le permitía y buscó entre todos los papeles algo hasta que finalmente paró en seco sus manos y vio el pergamino que Edgar había leído la pasada noche. Lo cogió con delicadeza pero este se encontraba dentro de un libro que se titulaba “Leyendas y otros mitos”, no pudo contener su curiosidad así que lo sacó también.
Se puso a leer las primeras páginas donde se narraba las historias de un hombre que había viajado a lo largo y ancho del mundo, anotando las distintas criaturas de las cuales había detallado y dibujado. Página tras página, las macabras y hermosas formas de seres que a sus ojos no tenían color tomaban un sentido al recordar el cabello rojo alzado al vuelo de Hela.
A mitad del libro vio una figura reconocida leyendo con cuidado ponía “Goblins, los seres del infierno” y debajo se podía leer un párrafo que los describía:
“Los Goblins son criaturas curiosas en su cierta medida, pues más incierto es su comportamiento a la hora de trabajar en grupo. Siguen una jerarquía del más fuerte, donde constantemente se apuñalan por la espalda para demostrarlo.
Seres verdes, nerviosos y pequeños sería una de las formas que se les podría describir pues su comportamiento hace que sus manos creen armas y armaduras de dudosa calidad.
Se alimentan de carne y peces principalmente (jamás los he visto comer una fruta o verdura), por lo que la mayoría de sus campamentos se encuentran entre los bosques y laderas de montañas. Permanezco siempre a distancia, pues las veces que les he visto tener contacto con otros humanos no ha sido muy agraciado por esta última parte, continuaré tomando datos hasta que tenga suficiente o me encuentren, depende de lo que sea primero llegará este libro a su destinatario, o no...
PD: También se debe destacar que estos seres se mueven en pequeños grupos, no teniendo un origen claro de su aparición pues parece que se mantienen en constante movimiento.”
Las siguientes páginas anotaban distintas costumbres y tradiciones de estos seres, así como algunos nombres que hacían mención a líderes y que dejaban caer el interés por el resto de la información. Cerró el libro y lo guardó en su mochila la cual se encontraba bañada en polvo y sangre, pero sorprendentemente no había llegado a perder.
No pudo aguantar la presión del momento y dejó escapar un bufido, que segundos después se convirtieron en un golpe seco con ambas manos sobre la mesa, tras ello comenzó a llorar.
Abandonó la casa con el pergamino que su amigo había leído, y al darle la vuelta vio más anotaciones en el reverso:
“Desconozco si las historias de estos seres son verdad, pues aún no he tenido la suerte de encontrarme con uno de los elementales que viven en este mundo.
De toda la información incierta que puedo llegar anotar es que cerca de la ciudad de Teeran se encuentra un templo en el que los lugareños lo nombran como la Fuente de la vida.”
- Pues parece que ya tenemos un destino por dónde empezar – dijo Roin al mismo tiempo que metía la hoja con cuidado dentro del libro, echándose la mochila a la espalda y comenzó a caminar.
- No fue tan mal como lo habíamos previsto – dijo uno de los Goblins al comandante que estaba cargando sacos y armas dentro de una carreta de madera.
El líder, que se apoyó con sus manos en el borde de la carreta, meditó las palabras que iba a decir tras aquella anotación - ¿Qué no fue tan mal? – y uno de sus ojos se clavó como una lluvia de puñales en el pecho del goblin que había dicho aquellas palabras - ¡¿Qué no fue tan mal?! – y si tuvieran corazón (que lo desconozco), se encogió tanto que podría considerarse que desapareció. El líder apretó los puños con fuerza contra su cadera mientras daba fuertes pisadas haciendo un ruido estruendoso por lo que el resto de seres que se encontraban cerca no pudieron evitar mirar.
-A caso…- dijo el líder lentamente – ¿A caso tú ves que tengamos un elemental capturado en alguna de las jaulas? – llegó a la altura del otro goblin que se había encogido en su propia figura al no saber dónde esconderse y sabiendo que huir no era una posibilidad - ¿No fue tan mal que hayamos perdido a muchos de los nuestros y que no hayamos encontrado la única cosa por la que habíamos ido a atacar? – y puso ambas manos sobre los pequeños y temblorosos hombros de aquel empequeñecido ser - ¿Tú que crees, que no fue tan mal? – le dijo mirando directamente a sus ojos con una sonrisa que salía de sus labios escapando entre temblores y saliva.
- Yo… Bueno, lo decía… - paró un segundo y tragó saliva – pues porque hemos conseguido un buen botín, y no tendremos que comer más alimañas – tal fue cuando terminó que llevó sus manos hacia la cara para evitar un ataque inminente.
El líder, que permanecía con su mirada clavada en aquel ser, vio como algunos de los otros se miraban y asentían satisfechos con la respuesta que había dado. Su risa psicótica cesó y dejó soltar un respiro de lo más profundo de su interior, dando unas palmadas al ser que tenía entre las manos y cerrando los ojos. Este, abrió los ojos lentamente con un atisbo de esperanza en su sudor, poniendo toda su atención sobre la incierta calma que estaba desprendiendo su superior, dejando caer las manos lentamente hasta descubrir su cara por completo. Fue en ese momento en el que el líder le propinó un mordisco con los dientes en uno de sus ojos, mientras que el resto de goblins miraban atónitos como su compañero chillaba y pataleaba al tiempo que le arrancaban el ojo.
Al terminar de tirar, un reguero de sangre brotó del interior del cráneo del ser verde que cayó al suelo de espalda mientras convulsionaba.
Escupió al suelo la mezcla de fluidos y distintas partes de carne - ¿Sabéis por qué hacemos lo que hacemos? – Les gritó al resto de goblins que cada vez eran más - ¡Por qué somos la última mierda de nuestro clan! – Se limpió la boca con la manga – mientras que otros encuentran territorios que invadir, destruyen ciudades forjadas por los hombres sin parar, nosotros buscamos a un elemental ¡Qué ya teníamos!¡Y qué se ha escapado dos veces!- enfatizando el final de aquella frase gritando mientras les miraba a todos y alzaba sus brazos por encima de la cabeza.
- ¿Cómo nos van a respetar, si no conseguimos hacer un maldito trabajo bien? – les continuó gritando, esperando unos segundos a una respuesta que sabía que nadie se atrevía a contestar visto el resultado de expresar una palabra ante él – no buscamos ese elemental porque nos lo hayan ordenado, no, lo buscamos para poder hacernos con el resto y dominar todos los elementos y conquistar cualquier cosa que se interponga en nuestro camino – bajó los brazos y hombros espirando con fuerza un aire cargado de rabia.
En ese instante, la mayoría de los goblins comenzaron a rugir, emitiendo agudos gritos que provocaron un conjunto gutural de voces endemoniadas que se alzaron al cielo al unísono.
Roin, quien ya llevaba un tiempo caminando se paró en seco al escuchar un ligero griterío tras su espalda, desviando la mirada hacia las montañas de donde venía aquel canto de guerra y sintiendo como un escalofrío le corría por la espalda provocando que comenzara a sudar.
Aceleró el paso.
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