09 Leyendas; Almas gemelas
Ella le cogió de la mano con fuerza, tirando de su brazo para que la siguiera sintiéndose sorprendentemente a gusto, como si aquella mano ya la hubiera sentido antes en su piel.
Caminaron por las calles de la ciudad ocultos entre las sombras que dejaban caer las personas al pasar por delante de las luces, ella tapaba su cara con la capucha que llevaba esquivando con gracia hombros y cuerpos corpulentos al mismo tiempo que él los derribaba con su tosca cara sonrojada y su cuerpo robusto desbocado en una carrera sin destino.
Finalmente llegaron a una casa donde una puerta de madera estaba cubierta por una terraza hecha del mismo material, sin ninguna luz que la delatara permaneciendo en silencio en comparación con los dos locales que tenía a su alrededor. El gentío y el ruido cesaron su intensidad en el momento en el que ambos entraron y ella pudo cerrar la puerta.
- Unë të pashë dhe ndjeva diçka që nuk kisha pasur kurrë më parë brenda meje (Te vi y sentí algo que jamás había tenido antes dentro de mi) – comenzó a decir agitada y velozmente, Roin se sorprendía con la cantidad de palabras que intentaba asimilar.
- Espera, espera, espera – le dijo finalmente cortando la continua habladuría de la joven que ya había apoyado ambas manos sobre sus hombros mientras lo zarandeaba de uno a otro lugar – yo solo sé decir algunas palabras, apenas puedo entenderte y menos si hablas tan rápido – pudo decir finalmente mientras apartaba las manos de la joven dando un golpe seco con las suyas.
Ella se calmó y se apartó de aquel hombre que empezó a pensar que no era buena idea haberle llevado aquel lugar.
- Perdóname – le susurró en voz baja casi ineludible – me llamo Linfa ¿Quién eres tú y por qué sabes un idioma tan antiguo? – se quitó la capucha para volver a dejar ver aquellos ojos verdes que le sumieron en un estado de inconsciencia al hombre que tenía delante mientras que el pelo le esquivaba la cara para ocultarse tras sus hombros.
- Me lo enseñó tu hermana Hela – le respondió él.
Ella soltó un suspiro inesperado mientras su cara cambió totalmente de expresión en una mezcla de duda y nostalgia.
- ¿La has visto? – Volvió a poner las manos sobre los hombros del ermitaño y zarandearlo sin ningún cuidado - ¿Qué sabes de ella? ¿Está bien? ¿Por qué no está contigo? – aumentando el tono en cada una de las preguntas.
- ¡Basta! – le gritó finalmente el ermitaño con el ceño fruncido por tanto entusiasmo como el pisotón que lo acompañó – No sé dónde está y le prometí que te encontraría, a ti y al resto de tus hermanas con la esperanza de que me ayudarais a volver a encontrarla – terminó diciendo cuando la joven le soltó de repente por la violencia con la que le había gritado aquellas palabras. Pero su rostro de preocupación continuó en su cara al escuchar que no sabía dónde se encontraba su hermana.
- Saldremos esta misma noche, y buscaremos al resto de mis hermanas – dijo Linfa mientras le miraba y pensaba en su plan.
Roin dejó escapar un gruñido y se echó la mano a la herida la cual estaba al descubierto y había empezado a sangrar por los esfuerzos exagerados que le habían llevado hasta aquel lugar. Linfa le miró preocupada al ver que su invitado sangraba por unas vendas bastante manchadas, se llevó la mano al frente de su mirada y vio que aquellas manchas las llevaba consigo en sus palmas.
- No sabía que estabas herido… - le dijo la joven.
- No te preocupes, no es nada – le replicó Roin mientras recuperaba su compostura.
Ella le volvió a tomar la mano y eso le hizo sentir de nuevo en calma, llevó hasta una habitación dejando a su izquierda unas escaleras pegadas a la pared entrando en un cuarto con cuatro butacas y una mesa en el medio. Un mal recuerdo le removió el alma e hizo un intento de mantener su posición pero la joven tiró de él con fuerza y lo sentó de un empujón, corriendo hacia otra salida que había en la pared del fondo de la sala.
La habitación estaba decorada con mantos de tela fina adornados por piedras y otros adornos que hacían que brillase con las luces de la calle. Una pequeña chimenea se encontraba en la misma pared por donde ellos habían entrado y finalmente una cómoda de madera gruesa se colocaba a su espalda.
La joven volvió con un cuenco con agua y algunas vendas, comenzó a limpiar la herida mientras aún le preguntaba cosas sobre su hermana. Roin entendió que aquel momento no iba a ser breve, y por la forma brusca con la que le curaba tampoco indolora por lo que aprovechó para contarle toda su historia desde que fue asaltado por su hermana en el bosque una noche, de como la había salvado sin tener claro el porqué lo había hecho y el cómo su amigo lo había engañado para llevársela a no sabría decir que lugar.
Linfa permanecía escuchando sus palabras entre algunas risas en algunos de los relatos como momentos de miedo al saber que tenía un enemigo de la noche buscando la forma como capturar a cada una de sus hermanas para hacerlas sucumbir al mal.
- Lamento que esta aventura te haya hecho tener que pasar por tales momentos, Roin el ermitaño – terminó diciendo al final del relato el cual su compañero le narraba.
- A decir verdad, agradezco haberme encontrado con tu hermana – le dijo mientras el mismo se sorprendía al oír sus palabras – pues hasta el momento mi vida no llevaba un rumbo claro en la montaña
. Perdido, solo y la mayor parte del tiempo muerto por dentro– sintió como su corazón palpitaba al mismo tiempo que se cerraban sus palmas contra la piel de la butaca – creo que haber encontrado a tu hermana es lo mejor que me ha pasado en mi vida – y Roin levantó su mirada para ver aquellos ojos verdes de nuevo que le llenaron cada hueco de su alma en una completa calma – por eso voy hacer todo lo posible para encontrarla -.
- Haremos todo lo posible para encontrarla – le corrigió Linfa con una sonrisa plena de confianza en su cara.
Pasaron la noche entre charlas hasta que las horas de la madrugada les sorprendieron por la ventana de la cabaña, fue un golpe en seco de la puerta al abrirse lo que les despertó de su conversación dejando pasar unos rayos de sol y una figura que saludaba de forma exagerada.
- ¡Buenos días Linfa! – dijo un hombre de mediana edad con una boina de tela en la cabeza, cabello grasiento y de cuerpo delgado vestido con harapos. Al entrar observó como su compañera estaba sentada en una de las butacas enfrente del ermitaño que aún tenía a sus pies la bandeja con las vendas ensangrentadas y el agua manchada.
- ¿Qué está pasando aquí? – dijo atónito ante aquella imagen.
- ¡Oh! Oter, buenos días – le respondió con calma la muchacha al mismo tiempo que se levantaba de su asiento – no te preocupes, este hombre es amigo de mi hermana y necesitaba ayuda.
Oter hizo muecas con la boca al no estar satisfecho de la respuesta, pero era su amiga quien le decía aquellas palabras así que no tuvo más remedio que creer todo lo que le contaba.
- Buenas, soy Roin, ermitaño de las montañas del norte – Roin expresó cada una de aquellas palabras con una sonrisa de amistad en la cara al ver que aquel hombre no se sentía en agrado con su presencia – mucho gusto -.
Oter permaneció en la puerta de la casa unos segundos más hasta que cerró tras de sí con mucha mayor suavidad con la que había hecho acto de presencia.
- El placer es mío, Roin el ermitaño – devolvió su mirada insatisfecha a su compañera quien ya se encontraba frente a él – venía a buscarte para ir a desayunar a la taberna de Ronald, pero creo que no es buen momento -.
Ella quiso aceptar su invitación, pues tras haber pasado toda la noche con su nuevo amigo sentía un profundo vacío en el estómago que se hizo notar al sonar como si fueran campanas.
- Creo que no voy a desayunar más en la taberna de Ronald durante algún tiempo, Oter… - y sus palabras se enmudecían en cada suspiro a la vez que permanecía con una mano sobre su pecho – Roin ha hecho un largo viaje para decirme que mi hermana está en peligro, y debo ir a buscarla -.
- ¡Déjame ayudarte! – le contestó rápidamente Oter, a la vez que cogía con ambas manos la de la muchacha.
- Lo siento – era lo único que pudo decirle en aquel momento y agachó la cabeza para que no viera como se le escapaba una lágrima.
Oter abrazó a la joven como si fuera la última vez que la iba a ver y cerró los ojos para contener la tristeza que intentaba brotar al pensar que jamás podría volver a verla bailar en aquella plaza. Al separarse puso una mirada de euforia y rabia contra el invitado que estaba sentado en una de las butacas al tiempo que con un dedo le señalaba le rugió algunas palabras – más te vale que no la pase nada, o te buscare en todas las montañas del norte para cortarte la cabeza -.
Roin se sobresaltó ante la amenaza, pero su única respuesta fue una ligera sonrisa en sus labios y una promesa profunda en su mirada de que haría cualquier cosa para protegerla, aunque solamente él sabía que Linfa era quien en verdad tendría que cuidar de su compañero a lo largo del viaje que les quedaba.
Tras varias horas preparando las cosas para el viaje, habiendo cogido suministros y herramientas por lo que pudieran pasar, Linfa y Roin revisaron todas las anotaciones que él llevaba en la mochila intentando encontrar alguna pista que les llevara al resto de sus hermanas pero ni con la experiencia de la joven, ni el conocimiento que el ermitaño aportaba eran suficientes para dar un paso en aquella larga caminata.
- Lo que no llego a entender es como puedes saber nuestro idioma, a tu hermana apenas conseguí enseñarle algunas palabras – le dijo Roin al tiempo que recostaba su espalda de nuevo sobre la butaca.
- No recuerdo mucho la verdad, simplemente sé que me encontraba en un lago una mañana y de repente mi cuerpo comenzó a tomar forma humana – ella le respondió haciendo gestos con las manos simulando que nadaba – en ese momento empecé a notar que me ahogaba y tuve salir de la superficie tan rápido como pude – tomó una postura más relajada – al despertar en la orilla Oter y su caravana me encontró, acogiéndome entre los suyos. Ellos me enseñaron hablar, a cocinar, a bailar y a vivir en general – la sonrisa se reflejó nuevamente en su cara – he vivido durante toda la vida de esta tierra y sin embargo era la primera vez que de verdad la disfrutaba – comenzó a soltar una carcajada que tapó con una mano.
Roin se vio obligado acompañarla y entre risas hicieron el tiempo más ameno, sin embargo eran tiempo que no tenían y necesitaban encontrar una pista.
- Fue Oter quien mandó hacer este collar cuando vinimos por primera vez a esta plaza – tocó entre los dedos la joven aquella lágrima que tenía colgada – gracias al espectáculo que hicimos pudimos comer durante tres días – la sonrisa en ese momento fue acompañada por la indicación con sus dedos de los días.
El ermitaño permanecía escuchando mientras bebía un vaso con un extracto de plantas moradas, dejando un sabor dulce en su garganta.
- Tal vez deberíamos ir al templo donde era el origen de todo y de esa forma saber si hay alguna manera de encontrar al resto de tus hermanas – dijo finalmente Roin mientras miraba y degustaba aún aquella bebida.
Linfa parpadeó y recordó el lugar donde aquel templo se encontraba, sonrió nuevamente y se levantó de la butaca dando un salto y animando al ermitaño a que la acompañara. Ambos salieron de la casa y posteriormente la ciudad, dejando tras de sí recuerdos y gente que amaban, lo que le provocó a Roin un recuerdo de los primeros paso que dio con la hermana de Linfa en la arbolada perdida en la montaña, sintiendo que volvía a la carga.
- Casi me olvido – le dijo el ermitaño a la muchacha una vez que salieron por la puerta principal de la ciudad – el grupo de goblins que daba caza a tu hermana atacó la última ciudad donde nos refugiamos, por lo que es seguro que aún nos estén buscando – le dijo con algo de miedo en su barba.
- Pues evitaremos los caminos – le replicó ella mientras que hacía gestos de valentía y fuerza.
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