10 Leyendas; La senda del agua
Caminaban en silencio atravesando árboles y matorrales frondosos, donde la temperatura algo más calidad y la abundancia de agua hacía que tuvieran un próspero ecosistema para adornar aquellos valles de colores.
- Jamás había ido tan al sur – dejó caer Roin quedando asombrado por los colores tan fuertes que había tan cerca de sus manos.
Linfa le miró sonriendo mientras que tomaba entre sus manos una flor blanca y se la colocaba en el cabello haciendo resaltar el brillo de esta aún más.
- Cuéntame cosas de tu hogar Roin – y esas palabras no eran más que otro recuerdo que no hacía tan lejos que convertía sus sueños en algo efímero llevado por la distancia.
- La montaña es un lugar hostil, donde las noches son la muerte y el día es una lucha constante – decía Roin mientras miraba al suelo y sentía punzadas en su brazo – sin embargo los momentos que aquellos bosques dejan es como si la paz fuera un regalo que jamás quisieras cambiar por nada en este mundo– se llenó su alma de felicidad al recordar como los rayos del sol bañan la tierra blanca que se expandía ante sus pies.
- Suena un lugar increíble – le respondió al joven – y la nieve es algo que me encanta, con su frío corriendo tu cuerpo – mientras se abrazaba para aparentar lo que le hacía sentir.
Fue una lanza que rozó la pierna de Roin haciendo un corte en su pantalón la cual les alertó del peligro, agachándose ante la probabilidad de que otro ataque fue arrojado sobre sus cabezas. En apenas unos segundos, dos esbeltas figuras aparecieron delante suya, con unas armaduras de un acabado en forma elegante y una mirada vacía sobre su presa. Ambos seres eran altos y dejaban caer una coleta que le recorría toda la espalda sujetada con un coletero hecho en dos piezas de madera, poniendo al descubierto unos brazos delgados pero fuertes donde uno portaba una hoja fina siendo casi un cuchillo y el otro un arco cargado.
- ¿Qué clase de seres son esos? – dijo Roin sorprendido.
- Seres el bosque – le respondió Linfa con un atisbo de odio en su mirada.
Ambos seres cargaron contra los aventureros, y al girase para intentar huir se dieron cuenta que tras ellos también había dos seres más, colocados en posición de defensa con unas lanzas y unos pequeños escudos redondos de madera con un agujero por donde colocaban la lanza permaneciendo en guardia. Tanto Linfa como Roin detuvieron en seco sus pies mientras que veían como uno de los otros seres recortaba terreno entre ambos bandos.
Roin echó mano a su hacha y se puso en el camino de la hoja de aquel ser cuando intentaba alcanzar de un corte la cabeza de Linfa, bloqueando el ataque con el mango del hacha que se vio ligeramente cortado por la hoja afilada de aquella bestia. Linfa quedó observando como ambos mantenían un forcejeo delante de ella hasta que su mirada se posó sobre el otro ser que tenía un arco apuntando directamente en su dirección. Antes de que lanzara su flecha una lanza mucho más tosca en su acabado atravesó por completo el pecho de la bestia quien dejó escapar un rugido ensordecedor de dolor y a la vez un chorro de sangre en su boca. Tanto Roin como el atacante detuvieron el combate de fuerza para ver qué pasaba, escuchando un grito de batalla agudo que acompañaba de una oleada de flechas sobre sus espaldas.
Roin sintió el cuerpo de la bestia cayendo sobre sus brazos cuando esta fue atravesada por dos flechas, cogiendo de una mano a Linfa y abrazándola mientras sujetaba con la espalda el cadáver de su adversario. De las ramas de los árboles cayeron goblins, mientras que otros salían detrás de los troncos de la arbolada, gritando y moviéndose frenéticamente.
Linfa salió de su trance cogiendo la hoja afilada de la bestia que les había cubierto la oleada de flechas, corriendo en dirección contraria a los goblins para encontrarse de cara con los seres que aún permanecían en sus espaldas. Roin la siguió de cerca y se quedó atónito como la joven corría contra aquellas lanzas haciendo un gesto ágil y ligero para esquivar las puntas apartándolas con la hoja que acababa de adquirir. Empujó con el hombro a uno de ellos que perdió el equilibrio y cayó sobre su compañero, seguidamente Roin pasó por su lado dando un salto mientras que ambos escapaban atravesando piedras y ramas.
Roin tuvo tiempo para darse la vuelta y ver como uno de los seres clavaba su lanza sobre un goblin, pero otro de los bichos verdes se lanzaba ferozmente contra su cara y se la arañaba. El compañero que había caído perdiendo el equilibrio sufrió la atroz tortura de protegerse con su escudo mientras que dos goblins golpeaban con unas gruesas mazas a este para que se aboyara, hasta que finalmente el brazo cedió y soltó un grito de dolor desde sus entrañas cesando en el momento en el que le atravesaban la garganta. Atónito por lo que estaba sucediendo aceleró el paso de sus pies mientras que veía como algunos de los goblins no cedían en su intento de darles caza por lo que corrían por una pequeña pendiente mientras que esquivaban flechas y lanzas.
- ¡No disparéis! – dijo el líder desde el fondo de la ladera, alzando la voz por encima de todo el griterío - ¡Necesitamos al elemental vivo! – y hacía gestos con su mano libre para indicar que la atraparan.
Linfa y Roin continuaban corriendo sin descanso hasta que finalmente ella escucho como un río se interponía en su camino. Sonrió, y le indicó al ermitaño que lo siguiera si querían escapar. Al llegar a la orilla, la joven aminoró el paso y Roin la pasó un lado deteniendo en seco su cuerpo al ver como la joven se paraba.
- ¿Qué haces? Tenemos que escapar de aquí – le dijo el ermitaño con el aliento escapando por su boca.
Ella no hacía más que mostrar una sonrisa pícara, donde sus ojos se convirtieron de un destello a una feroz amenaza. Se dio la vuelta y alzó los brazos a la altura de sus hombros, mientras que Roin observaba como el agua que tenía a su espalda se levantaba por encima de su cabeza siendo dirigida hacia donde habían venido. Cuando los goblins aparecieron entre los árboles un golpe en seco del río cayó directamente sobre sus caras ahogando a los primeros y asustando a los que les acompañaban.
La joven quedó satisfecha al ver que muchos de esos seres habían perecido en su intento de darles caza pero aún quedaban muchos que no se detendrían de momento por lo que continuó corriendo mientras que su compañero se quedó perplejo al ver lo que acababa de pasar. Ella le golpeó en el hombro para que se despertara y este continuó siguiéndola reanudando la carrera.
El líder de los goblins llegó para ver como algunos de sus súbditos caían de espaldas por el golpe de la riada directamente sobre sus armaduras mal cuidadas. Gruño entre sus dientes afilados e hizo gestos para indicar que se pararan.
- Dejadles, no estarán cerca de agua mucho tiempo y será ahí cuando nosotros aprovecharemos – tomó con una mano del cuello de la pechera de uno de sus soldados y lo arrastró para sacarlo de los charcos de agua que aún quedaban mientras decía aquellas palabras.
Linfa y Roin siguieron corriendo ladera abajo siguiendo de cerca el caudal del río, hasta que se dieron cuenta que ya nadie los perseguía por lo que aminoraron el paso. Tomando aliento, y con la respiración entre cortada Roin puso su hacha en el cinturón mientras que la otra mano la llevaba al pecho haciendo gestos de dolor. Linfa se reía de plena carcajada mientras que tomaba los segundos para bailar sobre sus pies que permanecían flotando en el agua.
-¿Cómo puedes estar alegre en este momento? – le preguntó Roin mientras que su cuerpo sentía cada zancada de aquella escapada.
- Es lo más emocionante que había hecho en mucho tiempo – le respondió aquella joven con la sonrisa aún perdida en su baile sobre el agua.
- ¡Esos seres le arrancaron la cara a uno de los otros! – gritó Roin en un estado de furia ante la pasividad de la muchacha por las atrocidades que había ocurrido.
Linfa detuvo su baile sobre el agua para dar pasos serenos y lentos hacia el ermitaño con su cara cambiada a un tono de venganza – aquellos seres intentaron matarnos y de no ser porque los enanos verdes atacaron lo hubieran logrado -.
El ermitaño permanecía en pie con la respiración ahora en calma, mientras que su rabia contenida le desgastaba las pocas energías que tenía aprovechándolas para huir a donde no les pudieran encontrar.
Ya era de noche cuando encontraron una formación rocosa al aire que les serviría como refugio. Roin recogía algunas ramas secas del suelo mientras que su compañera preparaba la zona donde iría la hoguera, poniendo la mirada fija en su compañero quien se encontraba constante en sus pensamientos.
- Sigo sin entender por qué te pones de esa forma, aquellos seres nos iban a matar – le replicó la joven con algunas piedras en sus manos mientras las colocaba una a una.
Roin levantó su cuerpo del suelo quedando de pie dando la espalada a Linfa. Los brazos descansaron mientras que sujetaba sin apenas esfuerzo las ramas que había recolectado, agachando la cabeza con una respiración profunda que resonaba en su barba – aquellos seres han cometido atroces actos que jamás había visto en mi vida – y los recuerdos de la aldea en llamas golpearon su cabeza como un martillo el metal, escuchando entre las ramas del bosque donde se encontraba los gritos de las personas que no tuvieron tanta suerte de poder escapar – y si es verdad que desearía ver a todos esos seres que han matado a humanos como yo muertos entre mis manos – continuó mientras que se daba la vuelta para hacer amago de venganza con sus facciones de la cara – pero no podemos alegrarnos de la muerte de nadie, ya que eso nos hace convertirnos en esos mismos seres – y paso a paso se iba acercando a la joven que ya había terminado de preparar todo para esconderse en aquel lugar.
Ambos permanecieron en silencio mientras que el ermitaño colocaba las ramas una a una y la joven preparaba la yesca para encender la hoguera, una de las manos del ermitaño tomó la muñeca de la joven que le miró directamente a sus ojos verdes.
- Debemos ser mejores que ellos, o su tiranía jamás se diferenciarán de nuestros actos – Roin permaneció sereno en todo momento, mientras que aquel elemental sentía dentro de su cuerpo sentimientos que como leyenda jamás había tenido hasta entonces.
Linfa no pudo hacer otra cosa que entender que aquello no era normal para ella y que las palabras de su compañero hacían justicia a las víctimas que la muerte se llevaba cada día de las manos de los seres queridos en cualquier lugar.
- No estoy acostumbrada a tratar con mortales – le respondió finalmente ella.
- Ni yo tampoco – le dijo Roin sonriendo con su peluda cara.
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